• El argentino publica esta semana el disco 'On the rock'.
  • En él colaboran Bunbury, Calle 13 o Diego 'El Cigala'.
  • "Hoy todavía hay caraduras que dicen que tenemos que vivir de las giras y no reclamar la propiedad intelectual", asegura. 
MIRENTXU MARIÑO. 31.05.2010 - 18.41 h
Avisa sonriendo sobre su "cinismo" justo antes de comenzar la entrevista. No puede esperarse otra cosa de Andrés Calamaro, que como buen argentino hablará durante media hora exacta sobre canciones "deconstruidas", progresismo, Sabina e Internet. La excusa es perfecta: publica On the rock (Warner Music), un compendio tan desconcertante como revelador en el que colaboran, entre otros, Bunbury, Calle 13 o Niño Josele.


El disco se grabó "entre viajes y giras" con una segunda unidad en Buenos Aires que hacía las veces de laboratorio experimentalAún le pica la curiosidad, a sus 48 años, cuando se le habla sobre sus controlados experimentos musicales; como Armonía molecular, una de las remezclas incluidas en este trabajo, grabado "entre viajes y giras", y también un "pronóstico de lo que vendrá", una pista que indica en qué dirección se moverán futuros discos. Su equipo, dice, se ocupó de elegir los temas, ensayar y grabar -"a veces yo llegaba sólo para cantar"-, y contaba, como en el cine, con una "segunda unidad" en Buenos Aires que hacía las veces de laboratorio.


Esa libertad de albedrío buscada, sin embargo, no logró dejar apartado el sonido "natural" cultivado en más de tres décadas de carrera, desarrollada a caballo entre Buenos Aires y Madrid. "Sabina y Loquillo podrían haber estado también", explica. Del autor de Pacto entre caballeros -"amigo, admirado"- esperará siempre, "el resto de mi vida", una llamada para un proyecto conjunto que no acaba de llegar, una oportunidad que perdió tras su etapa con Los Rodríguez cuando le cayó del cielo Alta Suciedad y Fito Páez se le adelantó.


"No hay crítica de discos en la prensa"


Pero es que "Sabina no coge el teléfono", confiesa. La queja se desvanece rápido: cuando Calamaro estaba componiendo La lengua popular, su anterior álbum, escribió a varios poetas, incluido Sabina, para para que le ayudaran a terminar una canción: "Le pedí una mano y me dio las dos, me mandó una letra entera tan buena...", revela nostálgico. El rock les ha unido mucho, ese rock que los medios y la industria están "intentando matar" y del que sólo hablan cuando "la uña de Cristiano Ronaldo" no copa la actualidad.


La gente cree que Picasso es un modelo de coche; al comunismo le han puesto tridente y cuernosSe queja el cantante, con énfasis y aspavientos constantes, de que "no hay crítica de discos en la prensa", de que ciertos diarios de tirada nacional de corte "progresista y snob" no le hacen caso, sólo cuando rompe las listas de ventas, algo que, últimamente, le cuesta más bien poco. "Ahora la progresía es anticastrista furiosa, pero antitaurina, ¡y Picasso era comunista e iba a ver los toros!; pero es que la gente cree que Picasso es un modelo de coche", añade. Al comunismo, insiste, le han puesto "tridente y cuernos".


Con esa misma pasión habla Calamaro de sus fans, con los que conecta en gran medida porque antes que músico se dice "aficionado". Y para apoyar el argumento cita, de repente, al cómico Leslie Nielsen: "Algún día vendrá la policía actoral a decirme que yo no soy actor". Eso sí, la relación directa que podría alimentar con sus seguidores a través de, por ejemplo, Twitter, del que es prudente usuario, no le convence tanto como para "entrar al trapo". Desconfía un poco de estas herramientas virtuales, que usa como "ojo de cerradura para espiar".


"Internet nos ganará a todos la carrera"


Sobre Internet cree que, en la mayoría de los casos, "refleja un pensamiento reaccionario" y que la "aldea Mac" nos ganará a todos la carrera. En su caso, una carrera que aún tiene qué decir y que no piensa en la jubilación de la que hoy hace gala Miguel Ríos, del que alaba "su humildad". Calamaro ya experimentó algo similar: "Cuando terminó el siglo pasado, estaba tan conmovido por esa situación calendaria tan única en la que después del 999 de Prince venía el triple 0, que me retiré voluntariamente de las giras durante cinco años".


Con el cambio de milenio se retiró "voluntariamente" cinco años de las giras y fue la envidia de muchos colegasFue la envidia de muchos colegas y se sintió "más cerca de la música que nunca". Renunció entonces al estatus de empezar el año con una agenda repleta de conciertos -"Hoy todavía hay caraduras que dicen que tenemos que vivir de las giras y no reclamar la propiedad intelectual"- y se sintió, afirma, "todopoderoso". Casi tanto como cuando empezó en la música, un tiempo en el que todo "iba para arriba" y su nariz "estaba como la mansión Playboy". El retiro de un músico, concluye, "es la excusa perfecta para cantar de nuevo".


La pregunta esperada y más importante de la conversación llega al final, como todo lo bueno. ¿Dónde y cómo verá los partidos del Mundial de Sudáfrica? "El día que empieza el campeonato tenemos concierto, y el día que debuta Argentina, también", dice entre risas. Y advierte: sólo madrugará si su país "llega a la final, y es muy probable que sea así, porque está todo arreglado...", apostilla bromeando. En julio nos enteraremos, o no, de si el insomnio ha podido con él.

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