Andrés Calamaro actuó el martes en Metropolitano. Un repertorio con pocos hits, y covers de los Stones  y The Wailers, fueron el marco para que diez mil rosarinos disfrutaran del encuentro. El Vip se impone como otro evento en la previa. Por Patricia Dibert.

Cuando una músico comienza un concierto haciendo “Jumpin‘ Jack Flash” de los Rollings Stones está marcando terreno. Desde el arranque quedó en claro que Andrés Calamaro seleccionó sólo los temas que él quería tocar. Al cover de los Stones siguió El Salmón, y las casi diez mil almas que colmaban Metropolitano comenzaron a saltar.
Calamaro con su ya característico chaleco negro, estaba  al frente de una potente banda de rock, con  tres correctas guitarras, el liderazgo del teclado del  ex Enanito Verde Tito Dávila, las sutilezas del bajo de Candy Caramelo, y el power de la batería siempre adelante de José El Niño Bruno.
El cantante se mantuvo callado, recién habló a la media hora del show para decir un tímido “Gracias Rosario por venir en multitud”, mientras dos grúas instaladas a los costados del escenario daban registro de la enorme platea, donde cuatro pantallas mostraban el concierto.
“Rosagasario on the rock, tres próximas canciones” anunció Calamaro para entrar al segmento de las nuevas composiciones que verán la luz en el mes de junio, y tristes historias de desencuentros iluminaron la noche, con letras como  “afuera donde es verano, mientras todo se va”,  “la ensalada de ayer que sigue esperando”, o más contundente al cantar “por que me envenenaste”; porque queda claro al escuchar el corte difusión “Los divinos”, que la melancolía y el reclamo se instalaron en las nuevas canciones que mostró Calamaro en el concierto.

Fotos. Leonardo Vincenti
Fotos. Leonardo Vincenti
Una importante cantidad de cámaras digitales y teléfonos móviles grabando todo el tiempo. Lejos de la iniciativa de Gustavo Ceratti al pedirle a los espectadores que los levanten encendidos, Calamaro dijo que espera “que en el futuro, algún día van a desaparecer los teléfonos que sacan fotos, vamos a volver a fumar ‘tabaco’ y entonces volverán los encendedores en alto en las canciones lentas”.  
Rock perdido, Carnaval de Brasil, Nunca es igual, una buena versión de “Get up” de los Wailers por los derechos humanos, comida china, Todos se van, Out Put in  Purt, fueron los temas que integraron la lista que decidió hacer Calamaro.
Un amigo rosarino del músico le confió a esta cronista que Andrés quiso sacar los temas más comerciales y hacer una lista especial. “Voy a hacer un repertorio con menos presencia en las rutas radiofónicas” dejó en claro en un momento Calamaro del show, lo que sonó casi como una justificación para interpretar bellas versiones de temas poco frecuentados, como la excelente versión  de “All U need is pop”, que fue uno de los pasajes más intensos de la noche.
El músico también interpretó “Mi enfermedad” y “El tercio de los sueños”. Presentó también una ranchera mejicana que integra el nuevo disco “Te solté la rienda”, y la mezcló con una lánguida versión de “Te quiero”, cantada obviamente por todo el público. La alegría siguió con “En algún lugar te espero”,  “Paloma”, “Estadio Azteca”,  y finalmente  la moneda cayó por el lado de la soledad en “Crímenes perfectos”.
Calamaro se despidió antes de tiempo y todos querían más. Candy Caramelo le pidió hacer una más. Volvió para una desconcertante versión del tango “Volver” y la enganchó con “Flaca”. Los músicos saludaron al borde del escenario y sobrevoló la  sensación de que el protagonista de la noche estaba apurado. Sin hablar demasiado, sin la verborragia que mostró en la playa del Parque Alem hace dos años, puede ser que alguno se haya quedado con ganas de más, pero él hizo sólo las canciones que le vinieron en gana. Un Calamaro auténtico. De todas anticipó que volverá con el nuevo con disco y dejó para esa ocasión las canciones más difundidas. No importa, puede que no haya sido su noche más comunicativa, pero para muchas de las diez mil personas que estaban en el salón del Shopping, a pesar de las complicaciones del paro de taxis, fue un encuentro con Calamaro, del que seguramente se  recordará la buena interpretación del clásico de “Bridge over troubler water”, un lujito para los oídos sensibles.

Un párrafo aparte merece  el “otro show”, el  que se vivió en la previa del concierto de Andrés Calamaro, con una instalación especial en el sector denominado Vip, donde los tragos, las cervezas, los helados  y los bocaditos,  fueron amenizados por la dupla compuesta por los músicos Ricardo Villaseca y Tato Fernández, quienes hicieron música mezclando máquinas con maquillaje auditivo. Entre invitados especiales, periodistas, funcionarios y concejales de la ciudad, estaban los fanáticos que compraron las entradas más caras del concierto, y tuvieron acceso a esa especie de bonus track  que se va instalando como una costumbre en los grandes conciertos que se producen en la ciudad.

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